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Miércoles, 04 Septiembre 2013 17:15

LA CIUDAD MARÍTIMA

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LA CIUDAD MARÍTIMA

 

El barco en que viaja un moribundo Bernard Guils, arriba a la ciudad de Barcelona. Este es el inicio de la novela La Sombra del Templario: la llegada de una nave veneciana, que transporta a seis peculiares pasajeros junto a su tripulación y un secreto que provocará la muerte del experimentado templario. Llegan a una ciudad comercial que carece de puerto, a pesar de ser considerada una potencia marítima del Mediterráneo. El viejo y abandonado puerto, junto a los pies de la montaña de Montjuich, había desaparecido en el primer cuarto del siglo XI arrasado por las intensas crecidas del río Llobregat. La línea de la costa avanzaba y una creciente expansión urbanística se extendía desde la iglesia de Santa María de les Arenes (después Santa María del Mar) hasta el Portal de Regomir, formando un pujante barrio marinero denominado la Vilanova del Mar. El comercio y la industria naviera encontraban allí el espacio adecuado, especializado, para llevar a cabo sus funciones. En el lugar se encontraba el Alfóndigo de la ciudad y las llamadas Drassanes Velles del Regomir, unas atarazanas ampliadas para poder cubrir la creciente construcción de naves de guerra y mercantes. Sin embargo, dicha ampliación sería insuficiente y, en tiempos del rey Pere, hijo y heredero de Jaume I, las atarazanas serían trasladadas al otro lado de las Ramblas. La industria dedicada a la construcción de navíos encontró materia prima en abundancia: la madera, en los cercanos bosques del Montseny y del Montnegre. Un privilegio del que carecían otras ciudades competidoras, como Génova o Venecia. Un Alfóndigo? La palabra proviene del árabe, al-fondak, que significa posada. En realidad era un edificio, o un grupo de construcciones, situadas alrededor de un patio y rodeado de un muro de protección. Sus instalaciones servían para acomodar a los mercaderes y almacenar sus productos con seguridad, aunque solían tener también otros servicios: baños, taberna, hornos, tiendas, capilla… Esta institución se encontraba en muchos puertos del Mediterráneo, para garantizar la estancia y los derechos de los comerciantes catalano-aragoneses. Su administración correspondía al “Consol”, el encargado de regentar el lugar. Representaba una importante fuente de ingresos, desde los derechos de almacenamiento a los impuestos sobre las mercancías. Durante el reinado de Jaume I, el Alfóndigo, que era de propiedad real, siempre fue arrendado. Más tarde, su hijo Pere controlaría el nombramiento de los administradores de la institución. A mediados del siglo XIII, el comercio constituía uno de los puntales económicos de la ciudad de Barcelona. Los principales productos comerciales que recorrían el Mediterráneo desde sus costas, eran las materias colorantes, sustancias orientales, tejidos franceses y algodón italiano, entre otros. Y no debemos olvidar el fructífero comercio de esclavos. La clase a la que pertenecían los comerciantes había sufrido una curiosa escisión. Por un lado, pronto se formó una oligarquía de rentistas, mercaderes que no deseaban correr el riesgo de los largos viajes marítimos, y que se dedicaban exclusivamente a gestionar sus negocios a distancia. Eran la clase dominante, miembros del gobierno municipal. Por otro lado, encontramos a comerciantes que, como el Ricard Camposines de la novela, eran esforzados mercaderes que sustituían a los rentistas y se enfrentaban a los peligros de las largas expediciones. En muchas ocasiones endeudados hasta el cuello, para sufragar los gastos de sus viajes, con los mismos rentistas a los que sustituían. La protección real fue una importante ayuda para los comerciantes, ya que estaban exentos de pagar algunos impuestos, un privilegio que defendió el gobierno municipal con uñas y dientes.

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Comentarios

Estimada Sra. he obtenido en una libreria un ejemplar de "Las puertas de mal" de la editorial Roca, ...
Núria!, deixa de fumar.
Increíble, apasionante.... Acabo de terminar la tetralogia. He estado enganchado hasta acabarla. Fel...
Querida Nuria. He descubierto sus novelas este verano en la Bibliteca Pública de mi barrio. Las esto...